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El Martirio del Imam Ali (P)


ABNA + Parstoday/ Ofrecemos nuestras condolencias al Imam de la Época Imam al-Mahdi (P), en especial a la honorable Bibi Zahra (P) por la triste llegada del aniversario de los días del martirio de Amir al-Mu'minin Haydar Alí (P), el día 21 del bendito mes de Ramadán, a manos de los hipócritas sedientos de poder y decididos a usurpar el derecho divino de Ahlul Bait (P) en los albores del Islam. A continuación ofrecemos una breve reseña sobre el martirio del primer hombre en aceptar el Islam y el albacea del Profeta Muhammad (Bpd).

En el cuarto año de la Hégira, algunos de los "jauariy" (grupo que durante la batalla de Siffín, librada contra Mu'awiah, se separó de las fuerzas del Imam Alí al ser engañado por aquel jefe de Bani Umaiiah), se reunieron en la Meca y planearon un complot para matar a Alí (P.), Mu'awiah, y 'Amru 'Ass, en Sham (Damasco) y Misr (Egipto), a una hora determinada. 
“Aniversario del Martirio del Príncipe de los Creyentes (P)” 
Fue escogida la noche 19 del Sagrado mes de Ramadán para la ejecución. A Abdur Rahman, hijo de Mulyam, se le encargó el asesinato del Imam Alí (P.), Huyyay, hijo de Abdullah Sarimi, sería el asesino de Mu'auiah y 'Amru, hijo de Bakr Tamimi, para asesinar a 'Amru 'Ass. 


Ibn Mulyam llegó a Kufa con este objetivo pero no dio a conocer a ninguna persona esta intención tan vil y vergonzosa, hasta que un día, en la casa de uno de los "Jauariy", se encontró con Qatamah, una mujer muy bonita y encantadora, de quien se enamoró. Luego, comenzó a pensar en casarse con ella. Cuando pidió su mano, Qatamah dijo: “Mi dote será: tres mil dirhams en efectivo, un esclavo y también la muerte de Alí Ibn Abi Talíb”. 

Qatamah, desde antes, debido a la muerte de su padre y su hermano en la guerra de Nahrauan en manos de Alí, guardaba rencor al querido Imam, ella lo consideraba su gran enemigo declarado y siempre estuvo pensando en destruirlo. Ibn Mulyam, reveló frente a Qatamah: “Casualmente, por este motivo he venido a Kufa”, y de este modo, prosiguió con su determinación anterior buscando el encantamiento de Qatamah. 

Finalmente, esa nefasta noche llegó. Ibn Mulyam, con una o dos personas amigas suyas, decidieron realizar este criminal acto, la noche del 19 de Ramadán, en la Mezquita de Kufa. 

Treinta y tantos años antes de aquella desafortunada noche, el Imam Alí (P), había escuchado del Profeta (Bpd) que en el mes de Ramadán sería asesinado. 

Escucha este relato del propio Imam Alí (P): 

"...Y cuando el Profeta (Bpd) leyó aquella famosa Jutbah respecto al sagrado mes de Ramadán, yo me levanté y pregunté: "¡Oh, Enviado de Dios! ¿cuál es el más valioso de los actos en este mes?”. Dijo: " La abstención de los pecados". En ese momento el Profeta comenzó a llorar con gran dolor e informó acerca de mi martirio en este mes". 

El Imam Alí también irrumpió en lágrimas, ya que sabía que en este mes se martirizaría. En ese mismo año había dicho: “Este año en la ceremonia del Hayy (Peregrinación), no estaré entre vosotros”. Y también a él le dijeron: "¿Por qué, en el momento de desayunar (luego de un día de ayuno del mes de Ramadán), comes poco? Contestó : “Quiero estar con el estómago vacío en el momento de encontrarme con Dios”. 

Pero la noche 19 no durmió, y repetía varias veces: “Juro por Dios que no miento y que tampoco me han mentido, esta noche es aquella noche prometida”. 

Y finalmente, al amanecer, cuando el Imam Alí (P.) entró a la Mezquita, en el momento en que estaba realizando la oración del alba, y apareció la espada envenenada y la sangre sedienta del peor de los hombres, Ibn Mulyam. Cuando la espada de éste hirió la frente luminosa del Imam, lo primero que dijo fue: "FUZTU UA RABBIL KA'BA", "¡HE TRIUNFADO, POR EL DIOS DE LA KA'BA!". 

Entonces, llevaron al Imam ensangrentado, a su casa. Estuvo dos días postrado en su lecho y en todo momento pensaba en la rectitud y felicidad de los hombres. 

Y dos días después, la noche veintiuno del mes de Ramadán, en el año cuarenta de la Hégira, encontró su martirio. 

Sepultaron su inmaculado cuerpo en la Sagrada tierra de Nayaf, a la que hoy, los corazones de los musulmanes, en especial de los shí'as, desean fervientemente visitar. 

El Imam, del mismo modo que había transcurrido su vida en el recuerdo de Dios, en el momento de este trágico episodio final, también se encontraba recordándolo. 

SUS ÚLTIMAS PALABRAS 

En sus últimos momentos legó un testamento a sus hijos, sus parientes y también a todos los musulmanes, que entre otras cosas dice: 

“...A ustedes les aconsejo el temor a Dios, y el orden en vuestros asuntos. Procurad siempre la unión y la rectitud entre los musulmanes”.

“No os olvidéis de los huérfanos, observad los derechos de vuestros vecinos. Estableced al Corán como programa de vuestras propias acciones”.

“Amad la oración que es el pilar de vuestra religión”.

“Combatid y sacrificad en el camino de Dios con vuestras riquezas, vuestras lenguas y vuestras personas. ¡Uníos!”.

“No abandonéis la "Recomendación del bien y la abstención del mal" (Precepto del Islam), pues si os desviáis de esta responsabilidad ante Dios, se erigirá una sociedad corrupta y vil y en este momento cualquier súplica o deseo que imploréis en contra de ellos no será respondida”.

Conciencia y responsabilidad frente al martirio

En aquel Ramadán, el Imam Ali (P) hablaba con frecuencia de su martirio. El Imam, durante los últimos días de su vida, cada noche iba a la casa de uno de sus hijos para romper el ayuno, de modo que algunas noches estaba en la casa de su hijo Hasan (P), otras en la casa de su hijo Husein (P), y también iba a la casa de su yerno Abulá Ibn Yafar, marido de la hazrat Zeinab.

Él comía muy poco, entonces, uno de sus hijos preguntó la razón, y el Imam respondió: “Está cerca la orden de Dios (su muerte) y quiero que mi estómago esté vacío. No queda más que una o dos noches”.

En la noche del martirio del Imam Ali, este había sido invitado a la casa de su hija Um Kulsum para el Iftar (ruptura del ayuno). Comió muy poco y se dedicó a orar. El Imam estaba muy angustiado desde la noche hasta amanecer. A veces miraba el cielo y observaba el movimiento de las estrellas. Cuanto más se acercaba el amanecer, aumentaba más su angustia e inquietud y, en momento,  pronuncia: “Juro por Dios, que no mentimos ni yo ni aquel que me ha informado, que ha llegado la noche prometida de mi martirio”.

A veces pedía perdón y otras leía la sura  Ya Sin. Esa noche las oraciones y el rezo del Imam Ali diferían de las otras noches. “Dios mío, bendice mi muerte”, repetía.
Al final, terminó la larga noche y el Imam Ali (P) acudió a la mezquita en medio de la oscuridad. Los patos que estaban en el jardín de la casa, se le acercaban y tomaban con su pico el  vestido del Hazrat Ali. Algunos querían alejar a los patos del Imam pero este dijo: “Déjenlos  en paz, pues pronto llorarán y estarán enlutados”. El Imam Hasan, en un momento, dijo: “Que mal presagio dice usted”. El Imam Ali respondió: “No es mal presagio, mi corazón testifica que moriré”.

Um Kulsum se entristeció por las palabras del Imam y afirmó: “Ordene usted para que Yaada vaya a la mezquita y realice el rezo con la gente”. El Imam respondió: “No se puede escapar de la decisión divina”. Y dicho eso se fue a la mezquita.

Esa noche, la mezquita de Kufa era testigo de las últimas oraciones del Imam. El Imam Ali estaba rezando. Llegó el momento prometido. Ibn Mulyam Muradi, uno de los hombres más ignorantes de la historia humana, se acercó al Imam y  propinó un golpe con su espada envenenada sobre la bendita cabeza de Ali (P). Este golpe privó a la religión de la presencia del Imam Ali, enlutó a la humanidad por el martirio de un gran líder e hizo que la justicia no valiera nada. 

Ali (P) ya se sentía  libre. Fue liberado de los sufrimientos y dolores que le habían provocado las personas malintencionadas. Sí, se había cumplido la promesa de Dios. Entonces, cuando recibió el golpe del enemigo subió la cabeza y mientras miraba al cielo gritó: “Juro por el Dios de la Kaaba que he sido bendecido”.

En torno a las últimas horas de la vida del Imam Ali, el mártir Motahari (un profesor iraní) dice: “La parte más increíble de la vida de Imam Ali (P) es aproximadamente 45 horas, es decir, el momento desde que recibió el golpe hasta su martirio. Aquí aparece la perfección del Imam Ali, en momentos en que se enfrenta a la muerte”.
Ali (P) está en cama y se agrava su situación cada hora y el veneno afecta cada vez más su cuerpo. Los compañeros lloraban, pero el Imam sonriente dice: “Siempre he deseado el martirio en el camino de Dios y, para mí, nada es mejor que ser martirizado en el momento del rezo”.

El Imam era tan amable que siempre se preocupaba por los huérfanos y pobres. A medianoche, les llevaba comida y, con tal cariño, daba de comer a los huérfanos con sus propias manos.  Al mismo tiempo, era tan firme que, cuando personas torcidas intentaban derrocar la base del gobierno mediante infundadas excusas, no aceptaba ningún consejo y se enfrentaba a ellas. 

Ibn Abi Hadid, el gran analista de Nahy al-Balaghah (Cumbre de la Elocuencia), y uno de los destacados pensadores del mundo islámico escribe: “Los privilegios de Ali, en términos de grandeza, gloria y reputación, son tan fuertes que es imprudente e inútil elaborarlos y debatirlos... ¿Qué puedo decir sobre un hombre cuyos enemigos no pudieron negar su grandeza y virtudes, y todos ellos admitieron la superioridad de su carácter...? ¿Qué puedo decir sobre un hombre que mantiene todas las virtudes y cualquier escuela y grupo se considera dependiente a él? Sí, Ali es el líder de todas las virtudes”, admitió.

Tras el martirio del Imam Ali, su hijo Hasan pronunció un sermón, Tras alabar y elogiar a Dios, y enviar bendiciones al Profeta, dijo: “Saber que en esta noche murió un hombre al que no alcanzaron los primeros y las generaciones venideras jamás verán a alguien como él. Alguien que, cuando combatía,  el arcángel Gabriel  se encontraba a su derecha y Mikail  a su izquierda. ¡Juro por Dios! que falleció el mismo día que Moisés,  el mismo día en el que Jesús fue elevado a los cielos, y en el que el Corán fue revelado”.

De esta manera, se apagaron las llamas de la gloriosa vida de un hombre nacido en la Caaba y martirizado en una mezquita. Una persona que después del Profeta (la paz y las bendiciones sean con él), el mundo no ha visto y ni verá otro igual. Era único tanto en la lucha y el sacrificio como en el conocimiento de los secretos del universo.

Expresamos nuestras condolencias por el aniversario del martirio del Imam Ali (P).
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