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22 noviembre 2019

La causa Palestina y el maléfico plan del acuerdo del siglo, parte I

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La causa Palestina y el maléfico plan del acuerdo del siglo, parte I

Tras la colonización del Reino Unido y el apoyo a la ocupación de Palestina por los israelíes, se solicitó en una carta emitida el 2 de abril de 1974 al entonces secretario general de la ONU, la revisión de la crítica situación de Palestina. Por ende, se formó un comité de 11 personas para solucionar el conflicto y con la intervención de las potencias occidentales, sobre todo Londres, se confirmó una propuesta basada en la división de Palestina en dos estados judío y árabe. Los musulmanes palestinos y los musulmanes liberales rechazaron este plan y declararon que se oponen a cualquier idea que termine en la división de Palestina. En ese periodo, la intensificación de los crímenes de los israelíes en la ocupación de los territorios históricos de los palestinos provocó el desalojamiento de un millón de palestinos. Entonces, el Consejo de Seguridad de la ONU emitió la resolución 194. Entre los artículos importantes  figura el pago de la compensación a los refugiados y permitirles regresar a su patria. Pero los israelíes rechazaron cumplir con la resolución.

El expansionismo del régimen israelí y la continuidad de los apoyos del Occidente fortalecieron la resistencia entre los palestinos. De tal modo que ninguna de las herramientas de presión del régimen israelí y sus aliados pudo acabar con esta resistencia. Por esta razón, a partir de la década 90 del siglo 20 se atendió los planes de reconciliación para romper la resistencia palestina.

El 13 de septiembre de 1993 y con la presencia de más de 3 mil figuras internacionales de alto rango, se firmó el Acuerdo de Oslo entre la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y el régimen de Israel. Este convenio que se consideraba como un marco para solucionar los conflictos, ordenaba que ambas partes reconozcan el derecho de vida de la contraparte en el marco de las llamadas fronteras de Palestina y el régimen israelí. Pero, el ente ocupador ni siquiera aceptó la vecindad pacífica y puso punto final la formación del ejército palestino, en una invasión brutal contra la mezquita Al-Jalil, que acabó con la vida de decenas de musulmanes y de esta manera, no se ejecutaron los artículos del acuerdo de Oslo.  

Tras los esfuerzos de Washington para la reconciliación en Palestina a favor de Tel Aviv, la ANP y el régimen israelí firmaron en 1998 el Memorándum del Wye River bajo la supervisión directa de Bill Clinton. El régimen sionista se comprometía a retirarse del 13 por ciento de los territorios palestinos en Cisjordania, pero el primer ministro israelí, Benyamin Netanyahu, después de la firma, aumentó el número de colonias. Con la llegada al poder de Ehud Barak en 1999, la ANP y el régimen israelí firmaron un nuevo acuerdo bajo el título de Memorándum de Sharm el-Sheij o sea Wye River 2. El acuerdo tenía como objetivo ejecutar todos los acuerdos firmados entre la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y el régimen israelí a partir de septiembre de 1993. En esta reunión ambas partes acordaron reanudar las negociaciones para llegar a un convenio permanente.  

Las llamadas conversaciones de paz de Oriente Medio continuaron en el 2000 en el Camp David. A los diálogos asistieron el entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton, el entonces primer ministro israelí Ehud Barak, y el entonces jefe de la ANP Yasser Arafat. El tema de la soberanía de Jerusalén (Al-Quds) y los esfuerzos de cada una de las delegaciones palestina e israelí para convertir esta ciudad en su capital fue el tema más importante de la reunión de Camp David. En el encuentro, Arafat insistió en su determinación para declarar el establecimiento independiente del Estado palestino con Jerusalén como su capital. En declaraciones dirigidas al presidente de EE.UU. afirmó que “aún no ha nacido un líder palestino que quiera renunciar a Jerusalén”.

La cumbre acabó finalmente con las confesiones oficiales de los líderes estadounidenses por el fracaso total tras dos semanas de discusiones inútiles y mostró que el régimen sionista no estaba listo para retirarse de su postura y ni siquiera aceptaría a Jerusalén Este como la capital del Estado palestino independiente.

Tras el fracaso de las negociaciones de Camp David, se llevó a cabo la cumbre de la Liga Árabe en marzo de 2002 en Beirut, y concluyó con un plan para poner fin al conflicto palestino-israelí. La iniciativa fue aprobada en ausencia de Yasser Arafat, el entonces jefe de la Autoridad Nacional Palestina. Conforme a este plan, el régimen israelí debería retirarse a las fronteras de 1967, a su vez, el mundo árabe lo reconocería. Pero, el ente sionista se opuso, tras anunciar su rechazo a retirarse a las fronteras de 1967 y no reconocer el derecho del retorno de los refugiados palestinos.

La Hoja de ruta para la paz es el nombre de un plan de reconciliación propuesta en 2002 por el Cuarteto de Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y las Naciones Unidas. Destinado a formar dos Estados palestino e israelí, desamar a los grupos palestinos y liberar a prisioneros de guerra que fue aprobado en el Consejo de Seguridad de la ONU. El resultado de estos esfuerzos fue la firma del acuerdo de Ginebra. El pacto de 50 páginas es el resultado de dos años y medio de conversaciones secretas dirigidas por el exministro israelí de justicia Yosef Beilin y el exministro de Inteligencia de la ANP Yasser Abed Rabbo. El 1 de diciembre de 2003, ambas partes firmaron el plan no oficial en Ginebra. Pero poco después, el régimen sionista lo rechazó, describiéndolo como un intento para debilitarlo.

Tras estos acontecimientos, el 8 de febrero de 2005 se celebró la segunda reunión en Sharm el-Sheij, a la que asistieron el entonces primer ministro israelí Ariel Sharon, el jefe de la ANP Mahmud Abbas, el entonces presidente egipcio Hosni Mubarak y el entonces rey de Jordania Malek Abdulá. Los participantes acordaron el progreso del proceso de paz según la hoja de ruta. Luego, durante casi dos años, desde diciembre de 2006 hasta mediados de septiembre de 2008, Ehud Olmert y Mahmud Abbas se reunieron 36 veces y mantuvieron conversaciones de bajo nivel. Hasta que el 5 de noviembre 2007 se celebró la Conferencia de Annapolis en la Academia Naval de los Estados Unidos en Annapolis, Maryland, con la presencia de los líderes de la Autoridad Nacional Palestina, el régimen sionista y representantes de algunos países árabes, sin líderes del movimiento HAMAS. 

A principios de octubre de 2007, Mahmud Abbas afirmó que la petición del lado palestino por celebrar la Conferencia de Annapolis sería la formación de un Estado palestino independiente, incluida la Franja de Gaza y Cisjordania, e insistió en la solución de seis desafíos importantes entre los palestinos y el lado israelí, incluido el tema de la división de Jerusalén (Al-Quds), los refugiados palestinos y su derecho a regresar, las fronteras, el destino de los asentamientos sionistas, el agua y los asuntos de seguridad. En torno a la conferencia de Annapolis en noviembre de 2007, Mahmud Zahar, un importante líder de HAMAS, afirmó que “Incluso si nos hubieran invitado a la conferencia, la participación no tenía sentido porque Israel no estaba listo para poner fin a la ocupación de los territorios palestinos y Mahmud Abbas no se considera como representante de la mayoría de los palestinos”.

En la Conferencia de Annapolis se emitió una declaración después de varios días de negociaciones, conforme a la cual se acordó que las dos partes llegarían a un compromiso sobre una reconciliación definitiva hasta el fin de 2008. En la cumbre, el régimen sionista aceptó que la zona del Golán es siria y declaró su disposición para la formación de un estado palestino independiente. Aunque al principio parecía que tal acuerdo sería a favor de los palestinos, pero con el paso del tiempo, ambas partes cambiaron las opiniones y las esperanzas se convirtieron en desesperación. Tras muchas controversias, y durante la Presidencia de Barack Obama, en abril de 2012, Mahmud Abbas envió una carta a Netanyahu expresando su deseo de reanudar las negociaciones, acondicionándola a la detención de la construcción de asentamientos en Jerusalén Este y aceptar las fronteras del año 1967 como la solución de dos estados. En menos de una semana, Netanyahu respondió a la carta de Abbas y, por primera vez, reconoció formalmente el derecho de los palestinos a tener un estado independiente, pero en la práctica se negó a tomar medidas positivas. De esta manera, todos los planes de reconciliación terminaron en fracaso debido a las demandas excesivas de los sionistas y el sistemático apoyo de Washington a ellos.

Fuente: Parstoday en español