La Fiscalía nacional de Chile investiga 26 muertes producto de la represión gubernamental contra manifestantes desarmados y de personas civiles, una de las cuales recibió una golpiza por parte de Carabineros en plena vía pública.

07 junio 2018

De luto por el martirio del Imam Ali (la paz sea con él)

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En aquel Ramadán, el Imam Ali (P) hablaba con frecuencia de su martirio. El Imam, durante los últimos días de su vida, cada noche iba a la casa de uno de sus hijos para romper el ayuno, de modo que algunas noches estaba en la casa de su hijo Hasan (P), otras en la casa de su hijo Husein (P), y también iba a la casa de su yerno Abulá Ibn Yafar, marido de la hazrat Zeinab.

Él comía muy poco, entonces, uno de sus hijos preguntó la razón, y el Imam respondió: “Está cerca la orden de Dios (su muerte) y quiero que mi estómago esté vacío. No queda más que una o dos noches”.


En la noche del martirio del Imam Ali, este había sido invitado a la casa de su hija Um Kulsum para el Iftar (ruptura del ayuno). Comió muy poco y se dedicó a orar. El Imam estaba muy angustiado desde la noche hasta amanecer. A veces miraba el cielo y observaba el movimiento de las estrellas. Cuanto más se acercaba el amanecer, aumentaba más su angustia e inquietud y, en momento,  pronuncia: “Juro por Dios, que no mentimos ni yo ni aquel que me ha informado, que ha llegado la noche prometida de mi martirio”.

A veces pedía perdón y otras leía la sura  Ya Sin. Esa noche las oraciones y el rezo del Imam Ali diferían de las otras noches. “Dios mío, bendice mi muerte”, repetía.
Al final, terminó la larga noche y el Imam Ali (P) acudió a la mezquita en medio de la oscuridad. Los patos que estaban en el jardín de la casa, se le acercaban y tomaban con su pico el  vestido del Hazrat Ali. Algunos querían alejar a los patos del Imam pero este dijo: “Déjenlos  en paz, pues pronto llorarán y estarán enlutados”. El Imam Hasan, en un momento, dijo: “Que mal presagio dice usted”. El Imam Ali respondió: “No es mal presagio, mi corazón testifica que moriré”.

Um Kulsum se entristeció por las palabras del Imam y afirmó: “Ordene usted para que Yaada vaya a la mezquita y realice el rezo con la gente”. El Imam respondió: “No se puede escapar de la decisión divina”. Y dicho eso se fue a la mezquita.

Esa noche, la mezquita de Kufa era testigo de las últimas oraciones del Imam. El Imam Ali estaba rezando. Llegó el momento prometido. Ibn Mulyam Muradi, uno de los hombres más ignorantes de la historia humana, se acercó al Imam y  propinó un golpe con su espada envenenada sobre la bendita cabeza de Ali (P). Este golpe privó a la religión de la presencia del Imam Ali, enlutó a la humanidad por el martirio de un gran líder e hizo que la justicia no valiera nada. 

Ali (P) ya se sentía  libre. Fue liberado de los sufrimientos y dolores que le habían provocado las personas malintencionadas. Sí, se había cumplido la promesa de Dios. Entonces, cuando recibió el golpe del enemigo subió la cabeza y mientras miraba al cielo gritó: “Juro por el Dios de la Kaaba que he sido bendecido”.

En torno a las últimas horas de la vida del Imam Ali, el mártir Motahari (un profesor iraní) dice: “La parte más increíble de la vida de Imam Ali (P) es aproximadamente 45 horas, es decir, el momento desde que recibió el golpe hasta su martirio. Aquí aparece la perfección del Imam Ali, en momentos en que se enfrenta a la muerte”.

Ali (P) está en cama y se agrava su situación cada hora y el veneno afecta cada vez más su cuerpo. Los compañeros lloraban, pero el Imam sonriente dice: “Siempre he deseado el martirio en el camino de Dios y, para mí, nada es mejor que ser martirizado en el momento del rezo”.

El Imam era tan amable que siempre se preocupaba por los huérfanos y pobres. A medianoche, les llevaba comida y, con tal cariño, daba de comer a los huérfanos con sus propias manos.  Al mismo tiempo, era tan firme que, cuando personas torcidas intentaban derrocar la base del gobierno mediante infundadas excusas, no aceptaba ningún consejo y se enfrentaba a ellas. 

Ibn Abi Hadid, el gran analista de Nahy al-Balaghah (Cumbre de la Elocuencia), y uno de los destacados pensadores del mundo islámico escribe: “Los privilegios de Ali, en términos de grandeza, gloria y reputación, son tan fuertes que es imprudente e inútil elaborarlos y debatirlos... ¿Qué puedo decir sobre un hombre cuyos enemigos no pudieron negar su grandeza y virtudes, y todos ellos admitieron la superioridad de su carácter...? ¿Qué puedo decir sobre un hombre que mantiene todas las virtudes y cualquier escuela y grupo se considera dependiente a él? Sí, Ali es el líder de todas las virtudes”, admitió.

Tras el martirio del Imam Ali, su hijo Hasan pronunció un sermón, Tras alabar y elogiar a Dios, y enviar bendiciones al Profeta, dijo: “Saber que en esta noche murió un hombre al que no alcanzaron los primeros y las generaciones venideras jamás verán a alguien como él. Alguien que, cuando combatía,  el arcángel Gabriel  se encontraba a su derecha y Mikail  a su izquierda. ¡Juro por Dios! que falleció el mismo día que Moisés,  el mismo día en el que Jesús fue elevado a los cielos, y en el que el Corán fue revelado”.

De esta manera, se apagaron las llamas de la gloriosa vida de un hombre nacido en la Caaba y martirizado en una mezquita. Una persona que después del Profeta (la paz y las bendiciones sean con él), el mundo no ha visto y ni verá otro igual. Era único tanto en la lucha y el sacrificio como en el conocimiento de los secretos del universo.

Expresamos nuestras condolencias por el aniversario del martirio del Imam Ali (P).