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03 junio 2018

Bendiciones en Ramadán

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El mes de Ramadán, mes de adoración y acercamiento a Dios. En este mes por obedecimiento a Dios, las almas se equilibran. Ha prometido a los invitados que si mantienen su cuerpo sin comer, desde la mañana hasta la noche, Dios va a llenar su alma de sabiduría.

Al principio del mes de Ramadán, el profeta del Islam dice: ¡Ah gente!, ha llegado a ustedes el mes de Dios con bendición, misericordia y perdón. El mes de Dios tiene sus propias particularidades especiales. Este mes es como una ciudad que cada año, en un mes, es la residencia de los invitados de Dios. Cada punto de esta ciudad, se dedica a Dios único. La antigüedad de esta ciudad se remonta al principio de la creación del ser humano. Los profetas divinos son sus primeros invitados. Dios misericordioso con una grandeza singular, es el anfitrión de esta invitación y sus ángeles, sirven a los invitados de Dios.

En el mes de Dios miles de ángeles divinos, sin murmurar, han llegado a servir a los invitados de Dios. Siempre están rezando y alabando a los invitados. El murmullo de los ángeles, es para pedir la salvación y felicidad para los invitados y Dios satisfecho acepta las demandas de sus creyentes. En el mes de Dios, el diablo y sus amigos no están invitados a esta reunión. Los invitados, en un estado emocionante hablan con su Señor, y para favorecerse de su bendición, buscan el camino recto. El mes de Dios es el mes de adoración y acercamiento a Dios.

Así los invitados sin ninguna queja evitan comer y beber desde la mañana hasta la noche y no dicen ni expresan malas palabras. Todos se dedican a hablar con el Señor del universo, expresar amor y recitar las hermosas aleyas divinas del sagrado Corán, así la fragancia de devoción y olor agradable del Paraíso, llena la atmosfera de este mes. Los que han entrado en el mes de Dios, son amables con los demás, sonríen y son muy entusiastas para alimentar a los hambrientos. Ellos en su rezo y adoración piden y suplican el perdón. Este mes es el mes de Ramadán, el mejor mes de todos los meses, sus horas son las mejores horas y sus días son los mejores días del año. En este tiempo cada persona puede entrar en este mes sin contaminarse del pecado y de la tiranía disfruta de la vida. El profeta del Islam dice: “Usted en este mes ha sido invitado por Dios.

En el interior de los humanos, hay una fuerza celestial que los estimula a los buenos hechos y les hace evitar las corrupciones y los malos hechos. Todos encuentren esta fuerza en su interior y consideran seguirla como ejemplo de la perfección y virtud. Sólo aquellos pueden esperar la integridad, la honestidad y la bondad que tiene el poder de estar vivo y despierto en su interior. Los ulemas de ética, llaman a esta fuerza como conciencia. Esta fuerza de disuasión existe en el interior de todos los seres humanos, así, cuando comenten un acto feo por voluntad humana, pueden reprenderlo y censurarlo y arrepentirse. Por otra parte, al hacer el bien, la conciencia humana se emociona y crea una sensación de alegría. La voz de su conciencia siempre le pide resolver sus puntos débiles y recompensar los daños causados por el pecado. El sagrado Corán ha llamado a esta conciencia como “Nafs Lavameh” ( ). Reiteradas veces observamos que personas bajo la influencia de su conciencia y para salvarse de los problemas espirituales, han cambiado su vida llena de pecados y han abierto un nuevo capítulo en su vida.

Uno de los objetivos de las enseñanzas religiosas es despertar la conciencia humana y sobrevivir. La oración, la recitación del Corán, la caridad y el perdón a los demás, hace que esta fuerza crezca cada vez más potente y sea una alta conciencia en nombre de la conciencia religiosa. La conciencia religiosa, ayuda a la persona en momentos de tentación o cuando tiene malos pensamientos dándole una idea o mostrándole el pecado más horrible y peligroso.

Imam Ali (la paz sea con el) decía en este respecto: “Dios siempre enfrenta a sus siervos con distintas dificultades y les envía muchos deberes a ellos para que el orgullo salga de sus corazones y sus almas se calmen bajo el servicio del todopoderoso. Esto es un instrumento para que se les abran las puertas de bendición y gracia divina”.

En la aleya 68 de sura El criterio dice:

“No invocan a otro Dios junto con Alá”.

Las enseñanzas más importantes de los profetas divinos ha sido el monoteísmo. El Sagrado Corán explica la misión de los profetas como Noé, Ibrahim, Hud y Saleh, les recuerda que su primer mensaje a las naciones es que adoran a Dios y eviten el Taqut. Los devotos creen que sin Dios, nadie es propietario del universo y ningún creyente existiría por sí mismo. La existencia de todos pertenece a Él y Él por sí solo organiza todos los asuntos de la creación. 

Según los entendidos, todos los fenómenos se interpretan con el poder y sabiduría de Dios. Esta mirada, de la orientación y significado de la vida hace que la persona sea optimista respecto el futuro. Los devotos tratan con esperanza de construir un mundo basado en la idea del monoteísmo y regalar paz y seguridad para los seres humanos.

El querido profeta del Islam, en una narración, dijo: “Quien ayuna en el mes de ramadán y con el fin de acercarse a Dios evita que sus ojos y orejas cometan actos ilícitos, como mentiras, por lo que Dios lo llevará a su reino”.

Estimados amigos estamos en uno día iluminado del mes bondadoso de Ramadán, y les invitamos a escuchar otro capítulo de la serie Lluvias de bendiciones. Empezamos el programa de hoy con un dicho del gran profeta del Islam, el Hazrat Mohammad (la paz sea con él): “Quien ayuna por Dios en un día caluroso y le domina la sed, Dios manda a miles de sus ángeles para que le refresquen la cara y lo animen hasta que rompa el ayuno y dice: ¡Oh mis ángeles! Testificad que lo perdono.”

En las directrices religiosas y los conocimientos coránicos, hay recomendaciones que si el hombre las pone en práctica puede obtener la satisfacción divina. Una de las tareas que ayuda al hombre a acercarse a su Señor, es el ayuno valioso en el mes bondadoso de ramadán. En este mes espiritual, Dios pide al ser humano que se abstenga de beber y comer durante determinado tiempo del día, desde el alba hasta el ocaso. Aunque, aparentemente, el ayuno es abstenerse de comer y beber y alejarse de varios placeres materiales durante un tiempo específico, la realidad de ese rito es mucho más profunda.

La espiritualidad que se crea en la persona durante el ayuno, acerca al creyente a Dios, pero dicho acercamiento será posible bajo algunas condiciones, es decir, que todas las partes del cuerpo se mantengan alejadas del pecado. Un mes en ayuno es una práctica que nos enseña a cómo liberarnos de las pasiones carnales. Así, el ayuno, purifica el alma de las personas que en esta ruta espiritual se adornan de virtudes y bendiciones.

El querido profeta del Islam, en una narración, dijo: “Quien ayuna en el mes de ramadán y con el motivo de acercarse a Dios evita que sus ojos y orejas cometan actos ilícitos, como mentiras, por lo que Dios lo llevará a su reino”.

Ciertamente el ayunante que solo basta con soportar el hambre y la sed, se priva de alcanzar las virtudes espirituales y constructivas de este mes. Según una narración histórica, una mujer que estaba en ayuno, siempre maldecía a su vecina y la acosaba. La noticia llegó a oídos del profeta, quien mandó que prepararan algo de comer para ella y luego mandándola llamar le ordenó que comiera la comida. La mujer contestó sorprendida: “Oh profeta de Dios! estoy en ayuno”. Entonces el hazrat Mohammad (la paz sea con él) dijo: Cómo puedes decir que estas en ayuno mientras maltratas a tu vecina. El ayuno no sólo es abstenerse de comer y beber”. El Altísimo puso el ayuno como una manera de evitar conductas y dichos reprobables. “Pocos son los que ayunan y muchos los hambrientos”

Un día el profeta Jesús (saludos sean para él) llamó a sus discípulos. Ellos preguntaron: ¿En qué podemos servirte? El profeta se levantó y lavó los pies de sus hombres. Ellos se avergonzaron y dijeron: “Somos nosotros quienes debemos hacer esto”. Contestó: “Yo lo hago por mi humildad, aprendan ustedes y sean humildes”, luego añadió: “Es con la humildad con la que crece la sabiduría en el hombre, no con la arrogancia. Es como la planta que para crecer necesita de tierra fértil, no de tierra rocosa”.

En distintas aleyas del sagrado Corán, el Altísimo ha descrito de manera bella la apariencia de la gente de fe. En la sura Al-Anfal (El botín), en la aleya 2, dice respecto a los creyentes:

Son creyentes sólo aquéllos cuyos corazones tiemblan a la mención de Alá, que, cuando se les recitan Sus aleyas, éstas aumentan su fe, que confían en su Señor.

El resultado natural de creer en Dios, único y poderoso, es creer y confiar en Él, en todos los asuntos de la vida. Creer en Dios conlleva positivas influencias espirituales, psicológicas y sociales. Mantener vínculos con una fuerza superior es una de las necesidades espirituales del hombre. Por eso, uno de los objetivos principales de las enseñanzas del Islam es reforzar las relaciones entre el hombre y su Creador, puesto que ese vínculo fortalece la salud y la felicidad del hombre y la sociedad.

Creer en Dios, todopoderoso y sabio, gobernante del mundo, sin embargo, las potencias están en sus manos, causa el aliento y la esperanza de todos los seres humanos.

En una hadiz se lee: Un día, el gran profeta del Islam (la paz se con él y sus descendientes) preguntó al ángel Gabriel (El ángel de revelación) sobre el concepto “confianza”. Gabriel respondió: “Un criado que llega a un grado de conocimiento elevado, todo lo que hace lo hace para Dios, no espera en nadie sino solo en Dios y no teme a nada ni a nadie, solo a su Señor. Esta es la “confianza”. El hombre que confía en Dios, es como una gota que se une al mar. Quien deposita su confianza en el inmenso océano divino, los problemas y dificultades de la vida no le podrán vencer. El hombre justo y fiel ve a Dios como su abogado y sólo a Él se inclina, sintiendo así paz verdadera.

Uno de los modelos a quien presenta el sagrado Corán en lo que respecta a la confianza es el hazrat Abraham (saludos de Dios para con él). Por orden de Namrud, rey infiel y opresor de aquélla época, el profeta Abraham fue arrojado a una montaña de fuego ardiente. En aquellas duras circunstancias, Abraham confió en Dios con todo su corazón y se refugió en Él. En ese mismo instante, el Señor, ante los ojos estupefactos de los enemigos, enfrió el fuego ardiente. El resultado de confiar en Dios fue la liberación milagrosa de Abraham. El Corán en la aleya 69 de sura Al-Anbia (Los profetas), sobre el evento de la salvación de Abraham en una bella frase dice:

Dijimos: «¡Fuego! ¡Sé frío para Abraham y no le dañes!»

Por supuesto, confiar en Dios no significa que el hombre descuide su vida material. El requisito previo de la vida, es el esfuerzo para hacer un uso correcto de las posibilidades que Dios pone a disposición del ser humano. Sin embargo, el hombre debe considerar que dichos instrumentos y posibilidades materiales sometidos ante el poder divino están al servicio humano. Por eso, la confianza en Dios no debe ser causa para abandonar el trabajo o volverse perezoso. El profesor mártir Morteza Motahari escribe al respecto: “Siempre que el Corán trata de hacer entrar al hombre en acción y librarlo de sus temores, le dice que confíe en Él, avance y se esfuerce”.

La confianza en Dios hace valiente al hombre para que no desmaye y se enfrente a los obstáculos y dificultades mediante la previsión. Los hombres poseen diferentes grados de confianza en Dios. El más elevado es cuando reconoce a su Señor como el único organizador de sus asuntos. Sobre la realidad de confiar en Dios, el Imam Sajad decía:” La bondad es no tener avidez en lo que tienen los demás. Si el hombre no ambiciona lo de su prójimo y le entrega todo a su Creador, Dios le concede todas sus peticiones”.