• Lo más nuevo

    Treinta días, treinta historias

    Con motivo de la llegada del bendito mes de Ramadán, el presente artículo tiene como objetivo narrar algunas historias. Ramadán, es mes del arrepentimiento de los pecados y propicio para pedir perdón a Dios. La historia que les presentamos hoy versa sobre este tema.

    En la tierra de Mosul, había una ciudad llamada Nínive. Dios, el Misericordioso, envió al Profeta Yunes para guiar a la gente de esa ciudad. Yunes predicó mucho a la gente de Mosul, les presentó las enseñanzas divinas y convocó a la gente a la justicia y la piedad. La gente, sin embargo, tomó el camino de la desobediencia y rechazó sus palabras. El profeta Yunes estaba decepcionado por la gente, y Dios prometió que la gente de Mosul sufriría una gran tormenta un miércoles. El Profeta Yunes (la paz sea con él) anunció a la gente que pronto iba a enfrentar un castigo divino, pero la gente no prestó atención y se burló de sus palabras.

    Entre la gente de la tribu del profeta Yunes, había dos hombres prominentes, un gran devoto y el otro un gran sabio. En la víspera de la tormenta, Yunes salió de la ciudad con el hombre devoto. El sabio se quedó en la ciudad con permiso de Yunes. Cuando el profeta salió de la ciudad, el gran sabio que se preocupaba por la gente la agrupó en la montaña y le dijo: "¡Ay Gente! El profeta Yunes es el gran enviado de Dios y no dice mentiras. Él nos ha advertido sobre la tormenta y ustedes, seguramente sufrirán el castigo divino. Si no se arrepienten, esta tormenta les destruirá. Arrepiéntanse en el tiempo que les queda para que no ocurra ninguna tormenta".
    El corazón de las personas se suavizó con las palabras del sabio, y dijeron: "Estamos listos para arrepentirnos por nuestros pecados, pero nuestro profeta se ha ido y no sabemos cómo verlo". ¿Qué podemos hacer ahora? El sabio, entonces, dijo que, antes del amanecer, vayan todos a la montaña y se separen las madres de sus hijos. Las madres por un lado y los niños por otro lado, para que empiecen a llorar. Pidió también que lleven los animales y los separen de sus crías y pidió a la gente que llore y pida perdón a Dios.

    Llegó el prometido miércoles. La gente hizo lo que había dicho el sabio. Al amanecer, se desbordó el cielo.  Una nube oscura cubrió el cielo. Un denso humo salió de las nubes oscureció a toda la ciudad hasta los techos. Se inició una terrible tormenta, y un viento amarillo comenzó a soplar. Los horribles sonidos hacían temblar los corazones. La gente gemía desde el fondo de su corazón y se arrepentía ante Dios. Por un lado, giraba la tormenta, y por el otro lado, se escuchaba la voz de la multitud. La gente le pedía perdón a Dios y que les otorgue otra oportunidad para recuperar su pasado.

    Los dos mares de la misericordia y la ira de Dios hervían en paralelo. El mar de ira fue la tormenta, y el mar de la misericordia, fue el corazón de los arrepentidos. Poco tiempo pasó de esta manera. La tormenta se había acercado a ellos, pero Dios, cuya misericordia siempre prevalece a su ira, aceptó el verdadero arrepentimiento de la gente. La gente vio que la tormenta desapareció gradualmente y el cielo se abrió. La gente se llenó de alegría… las madres abrazaban a sus hijos y le agradecían a Dios. Dios también le ordenó a Yunes (la paz sea con él) que regrese a su pueblo, porque ellos se habían arrepentido y les había dado otra oportunidad para vivir una mejor vida.

    Queridos amigos, feliz Ramadán, el mes de arrepentimiento.

    No hay comentarios.

    Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.